Bargueño.Siglo XIX.

Bargüeño, incrustaciones en marfil

Bargueño, siglo XIX, en madera de Palo Santo y Ebano, con aplicaciones de marfil.

La parte superior, en madera de ébano y los laterales en palo santo, están decorados con filetes de marfil, que enmarcan con motivos geométricos ambas superficies.  En sus inicios era un mueble transportable por lo que lleva asas( hierro forjado ) en los laterales y de tamaño que podía cargarse en un équido. Puerta central abatible que al abrirla hace la función de escritorio , con bocallave y  taracea en motivos vegetales, enmarcados con junquillos de marfil. En su interior, un gabinete con diez cajones con tiradores de bronce, y una puerta central, practicable, en madera de Ebano;  esconde bajo llave, dos pequeños cajones en madera de Palo Santo, y un cajón secreto en su estructura central.

Acabado: Barniz Florencia-Emulsión, y cera de acabado Ambra.

Bargüeño, incrustaciones de marfil
Bargüeño, incrustaciones en marfil
Bargüeño, con incrustaciones en marfil
Bargüeño, con incrustaciones en marfil

 El bargueño es un mueble de madera de origen español, fabricado entre los siglos XVI al XVIII, concebido para escribir o archivar papeles, y apto para poder ser transportado a lomos de una mula o burro.​ Los ejemplares lujosos pueden tener acabados en pan de oro y estar adornados con marfil, concha u otros trabajos de taracea. El nombre es de origen incierto, coincidiendo con el gentilicio de los habitantes del pueblo de Bargas en la provincia de Toledo (España).​ En otras lenguas europeas, estos muebles o sus émulos se denominan “cabinet” (en francés, inglés, alemán, portugués e italiano) y forman conjunto con los muebles de escritorio. 

Historia

En los inventarios de la historiografía del mueble español, el bargueño aparece en la tipología de “escritorios con tapa”, “arquillas y arquilla contador sin tapa” (en América como “arquilla de gavetas”) y “arquimesas”. Fue Juan Facundo Riaño quien —usando el nombre que se le daba al mueble en la tradición oral— lo denominó “bargueño” por primera vez en su Catálogo de objetos artísticos españoles que se encontraban en 1872 en el Museo Victoria y Alberto. En esa misma década lo aceptaron el Barón de Davillier y Miquel i Badía. Poco después de que el término fuera recogido por la Real Academia en la edición de 1914 de su Diccionario, varios especialista, entre ellos H. D. Eberlein,​ Doménech y Pérez Bueno, aceptan la propuesta del marqués de Monistrol sobre el origen del bargueño asociado a un carpintero del pueblo toledano de Bargas apellidado Vargas, recogiendo la teoría del ceramista Sebastián Aguado. Más tarde fue desmentido dicho origen de modo incuestionable por Burr, pero la difusión del término hizo que continuase reconociéndose como “bargueño” este mueble “español por excelencia”.

En cuanto al origen del mueble, fueron también los mencionados Eberlein y Burr quienes descubrieron para la historiografía europea del mueble su procedencia española, a partir del arca de novia catalana (siglo XVI), de diseño catalán o aragonés evolución de las arquillas mudéjares de taracea de ese periodo. La relación familiar de la Corona Española con el imperio alemán hizo fácil la exportación del mueble que pronto sería imitado por los artesanos germanos, en especial en Augsburgo, ciudad de los Fugger, banqueros de Carlos V. La producción alemana fue desplazando de modo progresivo al mueble original español, competencia que llevó a Felipe III de España a dictar una pragmática “prohibiendo la importación de escritorios de Alemania”.

Bargüeño, siglo XIX. Palo Santo y Ebano
Bargüeño, incrustaciones en marfil
Bargüeño, incrustaciones en marfil
Bargüeño, incrustaciones en marfil
Bargüeño, con incrustaciones en marfil
Bargüeño, del siglo XIX
Bargüeño, del siglo XIX
Bargüeño, del siglo XIX.
Bargüeño, incrustaciones en marfil
Bargüeño, incrustaciones en marfil
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